“Ariel sabe
la perfección de la recta
se encuentra
en el temblor de la mano
que la dibuja.
Afila el pincel
con la luz,
lo hace beber
del viento del color
y delinea en la tela
los trazos del abismo.
Rompe la trama
con un delicado descuido.
Trabaja en el pliegue
una arquitectura de abismo
que gira en sus ruinas.
Pinceladas de ocre
y de óxidos.
En una sábana rota,
con pedacitos de fotos,
trabaja el instante
y cose la herida de la tela
con hilo de lana.
Con ramas secas
dibuja al hombre
de la oración.
Pétalos sagrados.
Estampitas de la virgen
manchas violetas.
El palacio de lo eterno es un botiquín roto.
Con cuidado pega las estampitas.
El corazón del hombre es la María de los nudos.”
Gerardo David Curiá
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